Como muchos sabéis ya, soy absolutamente novato en este curioso mundo de la publicación.

Aunque llevara años y años escribiendo aquí y allá todo tipo de textos nunca había dado el paso a escribir algo tan extenso como una novela, y mucho menos plantearme buscar editorial para intentar publicar.

Así que cuando di ese paso y conseguí respuesta de editoriales, fue toda una alegría: un momento ilusionante.

Pero no venía a hablar yo de esto ahora, sino de otro aspecto relacionado: la revisión.

Supongo que todas y todos los que hemos intentado escribir algo tenemos lectores y lectoras «beta». Al fin y al cabo, puntos de vista diferentes siempre te alertan de despistes y aportan visiones que se nos pueden haber pasado por alto o pueden enriquecer o reencauzar nuestra idea inicial…

Y una de mis lectoras beta fue mi amiga Patricia HR, o como yo la llamo «Profesora Riversong».

Patricia trabaja como correctora editorial, y yo le remití mi manuscrito para que opinara sobre la historia, sin intención ninguna de que se pusiera a trabajar sobre él… Pero resulta que es una mujer muy concienzuda y profesional, amén de generosa y además de leérselo (en poquísimo tiempo) me pasó un informe de erratas e incongruencias flipante.

Aunque uno piense que escribe razonablemente bien, nunca hay que subestimar ni dejar de agradecer el inmenso trabajo que hacen estos profesionales, porque son cazadores implacables en busca de la coma sobrante, del género que no coincide, del uso inapropiado del gerundio…

Porque tú escribes algo que crees que luce un poco, y luego llegan ellas y ellos y lo pulen para que brille de verdad.

Así que desde aquí todo mi agradecimiento y admiración para ese grupo de profesionales que trabajan tan en la sombra y hacen tanto por los textos publicados y por sus autores.


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